Cantante… ¡Lo estás haciendo muy mal!

Hoy no te escribiré como cantante amateur guiado por mi amigo, colega y muy respetado cantante barítono Ernesto García, sino como el prof. Isaí Ruiz. Tengo 36 años de edad, con más de 10 años de estudio en el Conservatorio en donde aprendí por más de 3 años muchísimas materias, entre ellas armonía, Contrapunto, Solfeo, Improvisación al teclado, etc. Ex-alumno de Emma Gómez, Claudine Gómez, José Suárez, Miguel Cicero, Norma García, o la autoridad mundial en el barroco, Javier Hinojosa, entre muchos más. También, coautor de muchos libros para aprender a tocar violín, y esposo de la famosa maestra violinista Irazú Reséndiz. Pero también y muy recientemente, comencé a ser entrenado por Daph Ponce, una excelente coach y maestra en el ejercicio y ámbito del fitness.

Pero… ¿por qué es importante mencionar los kilos de trayectoria académica que pesan sobre mis hombros, a la par de un simple pasatiempo y hobby tanto de cantar como de entrenar físicamente mi cuerpo? muy sencillo, porque solo apenas con estos recursos, me siento listo para iniciar mi trayecto como cantante profesional. De hecho, me asusta cuando alguien inicia, «así nada más» a cantar y a «lanzarse» en el ruedo. Pero toma enserio cuando te digo lo siguiente: La Voz, es un músculo y no una herramienta de trabajo.

No te voy a mentir si te digo que he tenido más de 1000 alumnos a quienes entrené en piano, violín, flauta, solfeo, armonía y vocalizar. Con todos ellos me ponía con el piano a entonar sus ejercicios en conjunto y, para ser honestos, hacía más amena mi estancia como docente. Con Irazú toqué duetos para violín y afinaba sus violines para sus alumnos, la verdad es bastante divertido, el afinar antes de un concierto más de 30 violines es toda una aventura. También, en mis tiempos como clavecinista, afinaba mi espineta todos los días para ponerme a ensayar. Un clavecín bien afinado se disfruta bastante. Entonces, la afinación no es para nada un problema para mi, y menos el plasmarlo en mi voz. Siempre y cuando la pieza que esté cantando se encuentre en mi tono perfecto y mi caja toráxica resuene naturalmente con las vocales que mejor se me den naturalmente en mi. A mi me gusta por ejemplo, terminar un Con Te Partiró, con una «i» en un Re4 o mi4, u no en un La 4 como Andrea Bocelli en la versión original. Para esto, tengo que bajar la pieza de entre cinco a siete semitonos. Si tuviese que cantar a la par de Bocelli, conocería el final y la ruina sin haber siquiera conocido el principio. Como el flaco que desea cargar las pesas más altas en su primer día de entrenamiento y se fractura la espalda.

Pero bueno, hablando de la canción de Bocelli, aquí pasan para mi varias cosas. Debes saber que me es muy sencillo agarrar Reaper y mis instrumentos virtuales de la librería Kontakt para simplemente tocar la versión original con mi piano Clavinova Yamaha y grabarla en midi. Toco en el piano una versión que me guste y con dos clics bajo al tono que mejor me acomode. Así tengo una pista muy comoda para mi que suena increíble, tengo varios pianos digitales que me costaron cientos de dólares pero de increíble sonido. Sin embargo, Irazú me dice que quiere tocar conmigo el Violonchelo para misas y bodas y así reforzar mi voz. Para esto debo crear una transposición perfecta. Como las cuerdas cuerdas del Cello son Do Sol Re La, entonces tanto Do Mayor, Sol Mayor y Re Mayor, serán tonalidades muy fáciles para que ella pueda tocarla y refuerce mi voz. Sería una locura ponerle una versión en reb o mib, me afectaría más que beneficiarme, pero siento que estoy próximo a crear el arreglo perfecto para su nivel de violonchelo, y mi comodidad en la voz. Bajando siete semitonos tengo Sol Mayor. ¡Bingo! tenemos la tonalidad perfecta, que si bien quedará un poco oscura, se compensará con una fuerza y potencia natural y afinación adquirida que hay en mi.

Si llegado a este punto siendo cantante y quizá pienses que estoy hablando en otro idioma, entonces comprenderás el porqué mi preocupación con respecto al aprendizaje en el canto. En cierta ocasión el catedrático maestro organista José Suárez, me dijo una vez en una clase de contrapunto modal: «De verdad que estos ejercicios son tan importantes para los cantantes porque les ayudarían a armonizarse, no comprendo porque nunca se los enseñan». No recuerdo el método del que me estaba enseñando porque eran las primeras lecciones, quizá algún colega clavecinista pueda recordarlo, pero un excelente similar es el libro de Principes de l’Acompagnement du Clavecin de Jean-Francios Dandrieu). En aquel momento no había entendido sus palabras, pero ahora me llenan de mucho sentido. La idea es que el cantante tenga la habilidad de transpositar sin tanta complicación sus ejercicios y acompañamientos, y así adecuarlos a la voz que mejor le acomode. Todo esto claro, pensando en que estas entrenando un músculo, y no utilizando un martillo para crear mercancía.

Verás, todos los cantantes sienten la necesidad de pertenecer a un coro, una agrupación o cantar en cuanta ocasión encuentren encima. Pero… ¿Qué tan bueno es esto? gracias a que estoy siendo entrenado, me doy cuenta de lo fuerte y vulnerable que puede ser un un músculo. Pero en definitiva, no estamos hablando de un músculo… ¿o si? lamento decirte que sí, y de hecho estamos hablando de muchos músculos que se encuentran en la región tus cuerdas vocales. Tomando como referencia Mayo Clinic, las describe de la siguiente forma:

Las cuerdas vocales son dos bandas de tejido muscular flexibles que se encuentran en la entrada de la tráquea. Cuando hablas, las bandas se juntan y vibran para hacer sonidos. El resto del tiempo, las cuerdas vocales se encuentran relajadas en una posición abierta, para que puedas respirar.

Mayo clinic.

El problema es que son demasiado finos, y pueden sufrir daños con cierta facilidad. Pueden sufrir desgarros, parálisis, rupturas, etc. En la mayoría de veces pueden sanar, pero en muchas otras no. Pero mi artículo ni siquiera piensa hablar de las lesiones, sino del desánimo, desafinación y mala ejecución que he visto en muchos cantantes, muchos colegas y ex colegas del Conservatorio y otros que he ido encontrando en mi trayecto; en donde si bien continúan cantando, perdieron el ánimo y el deseo de preservar su voz como un músculo al cual hay que cuidar y utilizar solo en determinadas ocasiones, y no el martillo de un carpintero el cual debe sacar trabajos a lo que el cliente pida. En estos casos el carpintero tiene la ventaja de que si se rompe su martillo, lo puede cambiar, pero la voz no puedo decir para nada lo mismo.

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